He borrado y vuelto a escribir estas
líneas unas 14 veces. Y es que no es fácil describir todo esto: el bullicio de
la soledad, las ganas de todos y nadie a la vez. Si no es fácil explicarlo,
imaginaos lo complicado que es escribirlo. El bolígrafo de mi vida nunca ha
hecho caso a los dictados del corazón pero sí a los de la razón, siempre he
tenido la inmensa necesidad de evaluar qué es bueno para mí y qué no lo es,
aunque eso no necesariamente quiera decir que aquello que no considero bueno lo
deseche de mi vida.
Porque es verdad que me gustan los retos,
me gusta lo complicado, lo que provoca lágrimas de placer cuando lo consigues y
llantos desconsolados cuando lo pierdes. Porque ¿cómo no va a ser todo esto
efímero si hasta el sol se apagará?
Ni siquiera sé muy bien a dónde quiero
llegar con todas estas palabras, probablemente solo esté buscando un desahogo o
simplemente sea consciente de que es la única forma de entenderme, de entender
que tú, como el sol, eres efímero. Que tus besos tienen fecha de caducidad, que
mi piel se olvidará del tacto de tus caricias y que llegará un momento en el
que hasta te cueste recordar cómo era mi risa escandalosa cuando intentabas
hacerme cosquillas en la planta del pie o qué mano era la que utilizaba para desabrochar
cada uno de tus botones buscando lo más profundo de ti.
Pero he de admitir, que aunque sepa que
todo es efímero, quiero seguir saboreando tus besos cargados de dolor: con la
piel en el presente y la cabeza en el pasado.

Comentarios
Publicar un comentario